¿Cómo puede una conversación de pareja transformarse en una discusión en la que nadie recuerda qué dijo, qué quiso decir ni qué estaba intentando explicar? En este fragmento de «Tres idiotas en busca de una imbécil», Leo Maslíah parte de una situación cotidiana y la convierte en un divertido laberinto de palabras, silencios, reproches y contradicciones.
Nacido en Montevideo en 1954, Maslíah es una de las figuras más singulares de la cultura uruguaya. Compositor, pianista, cantante, escritor y dramaturgo, ha construido una extensa obra marcada por el humor absurdo, los juegos del lenguaje y una mirada muy particular sobre las relaciones humanas. En este texto demuestra que una discusión aparentemente insignificante puede convertirse en una escena tan desconcertante como reconocible.
Tres idiotas en busca de una imbécil - Leo Maslíah
“Tres idiotas en busca de una imbécil» fragmento.
El otro día por ejemplo mi mujer me dijo una cosa que no me gustó. Me dijo que yo le había dicho una cosa que yo jamás le diría, ni a ella ni a nadie. Porque yo lo que le había dicho era otra cosa, yo le había dicho “decime: qué fue lo que te dije, yo. ¿Me decís, lo que te dije?”. Y yo no me acordaba de lo que le había dicho, pero ella se pensó que yo se lo decía como reproche, y entonces me dijo “¡qué decís! ¡pero escucha un poco lo que estás diciendo!”.
Entonces yo le dije “y qué te estoy diciendo, si no dije nada”. Y ella se quedó muda, sin decir nada. A lo que yo le dije “decime algo, por favor”. Ella siguió callada y yo le dije “no me digas que no vas a decir más nada”. Y ella no dijo que no fuera a decir más nada, pero tampoco dijo nada más. Y yo le pregunté “¿no decís nada?”. Y como no decía nada, le dije “qué te dije: te dije, que no ibas a decir nada”. Y ahí me dijo que no iba a decir más nada que lo que estaba diciendo en ese momento. Y yo, escéptico, le dije “no me digas”. Y ella me lo dijo de nuevo. Entonces yo le dije que ella, al decir de nuevo que no iba a decir nada, se estaba contradiciendo, y ella me dijo “por qué; qué dije”. Y yo le dije lo que ella había dicho, pero ella pensó que eso era algo que yo le estaba diciendo a ella, y me dijo cosas que a mí nadie puede decir.
Yo, para asegurarme de lo que me había dicho, le dije “qué querés decir”. Y ella, con otras palabras, me dijo lo mismo. Y enseguida me dijo también “¿ves, ves como no me contradigo? Te dije lo mismo que te había dicho recién”. Y yo le dije “pero decime una cosa: ¿qué estás diciendo? Porque con eso no me decís nada”. “Entonces si ya sabés lo que te digo no me preguntes qué te dije”, me dijo ella. Y yo le dije que no me dijera eso. Ella me dijo que bueno, que me iba a decir otra cosa. Y entonces fue que me dijo algo que no me gustó. Pero yo no se lo dije. Me guardé de decirselo, por una cuestión de… no sé… cómo te puedo decir? Es que hay que cosas que no se dicen. Yo digo ¿no? Digo yo, no sé. Sé que hay un dicho, para decir esto, pero yo no lo sé decir. Qué querés que te diga.
Conclusión
El fragmento muestra a la perfección una de las grandes virtudes del humor de Leo Maslíah: tomar una conversación normal y llevarla hasta un punto en el que el lenguaje parece perder toda lógica. Los personajes hablan, se interrumpen, se contradicen y tratan de aclarar lo sucedido, pero cada nueva explicación los aleja todavía más de cualquier entendimiento.
Detrás del absurdo también aparece una situación muy humana. Muchas discusiones no nacen de lo que se dijo, sino de lo que cada persona creyó escuchar. En «Tres idiotas en busca de una imbécil», Maslíah transforma esa frustración cotidiana en humor inteligente y demuestra que, en ocasiones, hablar demasiado puede ser la manera más eficaz de no decir absolutamente nada.
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